Competencias para empresas resistentes y proactivas

Las nuevas demandas laborales, sociales y económicas suponen un importante esfuerzo adaptativo y son una fuente de estrés, que pueden ser vividas como una amenaza para el bienestar o como un reto que aporta oportunidades de crecimiento y desarrollo profesional y personal. Dependerá en gran medida del soporte y apoyo de la organización (reconocimiento, transparencia, organización eficiente, recursos disponibles, etc.), pero también de la actitud y de la capacidad de respuesta de la fuerza de trabajo, es decir de la aplicación de sus competencias. En esta situación, las personas, la clave de la flexibilidad intelectual y cultural, son el principal valor de las organizaciones más innovadoras y competitivas.

En la medida en que las personas estén capacitadas para adaptarse a los cambios y posean un abanico mayor de estrategias para afrontarlos, sufrirán menos los efectos negativos del estrés o incluso los vivirán como un reto o una oportunidad de crecimiento.

Creemos que propiciar el desarrollo de competencias transversales que tengan un impacto positivo en nuestro desempeño y que al mismo tiempo sean de utilidad en los diferentes entornos en los que nos relacionamos, es una oportunidad relevante tanto a nivel personal, como para la organización, e incluso, a nivel social. El desarrollo de habilidades útiles para afrontar estas demandas, permitirán una actitud más flexible y proactiva a los cambios, repercutiendo en menores de niveles de ansiedad, la percepción de mayor bienestar y un foco de contagio positivo en los diferentes ámbitos en los que interactúa la persona.

Creemos que las organizaciones deben tomar  conciencia de la necesidad estratégica de afrontar lo psicosocial para poder ser competitivos y, en ocasiones, para garantizar la supervivencia de la empresa: facilita la implicación en un proyecto compartido, mejora el clima laboral, estimula la creatividad y la adaptabilidad, y favorece una mejor disposición del sacrificio personal para afrontar posibles retos y dificultades.

El modelo de competencias resistentes al estrés tiene en cuenta y de respuesta a las exigencias del trabajo, se puede integrar con facilidad en el funcionamiento normal de la empresa (pudiendo medirse su situación y contribución a los logros de la organización), puede ser una fuente preventiva y proactiva para afrontar posibles situaciones de estrés futuras, y contribuir a mantener y mejorar la salud de las personas y la de la organización: una organización rentable, innovadora, eficaz-eficiente, competitiva, sostenible y un buen lugar para trabajar.